Del Individuo a la unicidad

RETORNANDO A LAS COSMOVISIONES AMÉRICANAS

Por Michael Adolfo Morales Hurtado

Objetivo:

Determinar por qué no se preservó en los sistemas de pensamiento y tradiciones
americanas actuales, la comprensión de la unicidad que tenía la población amerindia.

Reseña:

Las culturas y subculturas en el mundo americano actual, evidencian una ausencia de
compenetración de los ciudadanos con sus entornos. En su lugar, hay una deriva simbólica basada
en el egoísmo, los caprichos individuales y la violencia utilitaria.
Palabras Clave: Unicidad, reduccionismo, sistémico, holístico, comprensión, compenetración.

Cap. 1. Las visiones integradoras y reduccionistas en América
En tiempos prehispánicos, gran parte de los sistemas de pensamiento, tradiciones y espiritualidad
americanos estaban determinados por la comprensión de la vida humana, animal, vegetal y celeste
como un todo, en el que se asumía que todas las partes se determinaban mutuamente. El nacimiento,
los tiempos de siembra y cosecha, los momentos y espacios rituales, la construcción de
edificaciones, los alimentos consumidos, la ubicación de los sepulcros, la explicación de las
enfermedades, se hacían a partir de la comprensión del mundo como un todo, dejando entrever
como la visión de la existencia trascendía la mera experiencia individual, en tanto era asumida en
un sentido de totalidad e integración con el mundo externo.

1 Autor: MORALES HURTADO, MICHAEL ADOLFO. Politólogo de la Universidad Nacional
de Colombia, Especialista en Resolución de Conflictos de la Universidad Javeriana; trabaja en la
Unidad para las Víctimas. Sumado a las experiencias de vida y aprendizajes académicos, ha tenido
un proceso de crecimiento personal a partir de plantas visionarias y la práctica de Yoga. Bogotá,
Colombia. mangar18@gmail.com

En la actualidad muchas comunidades indígenas americanas conservan tal visión, como lo
evidencian descripciones orales, prácticas tradicionales, celebraciones rituales, entre otras. A modo
de ilustración, Jose Narciso Jamioy Muchavisoy, miembro del pueblo Kamëntsá (Jamioy
Muchavisoy, 1997: 66), en el texto “Los Saberes Indígenas son Patrimonio de la Humanidad”
indicó que: “(…) el saber indígena es un saber dinámico que se recrea (…) en los actos, hechos y
circunstancias del Hombre en relación con lo divino, la naturaleza, con la familia, la comunidad y
la sociedad en general (…)”.

Un símbolo andino resulta ilustrativo respecto a la visión de la existencia humana como un todo
compenetrado, la Chakana. Esta denominación fue asignada en las culturas de los antiguos
habitantes andinos, particularmente la incaica, para identificar una constelación que marca la
ubicación del hemisferio sur y comprender la unidad del ser humano con las estrellas, el mundo de
la superficie y el mundo bajo tierra.
La Chakana permitía a los habitantes andinos determinar y preparar los momentos de siembra y
cosecha, rituales y celebraciones especiales. Simbolizaba la compenetración de la existencia, el
hombre y la luz, el cielo y la tierra, el sol y la luna, etc. Tanta es la amplitud de entendimiento que
aportaba la Chakana que los incas la concebían como una representación del universo entero (el
Hanam Pacha, mundo de los dioses, el Kai Pacha, mundo terrenal determinado por la vida y la
muerte y el Uku Pacha, subsuelo, representación de los ancestros).
En otras culturas amerindias también se encuentran creaciones que demuestran la visión de
unicidad que se tenía respecto a la existencia, las cuales quedaron legadas en las pirámides de
Teotihuacan en México, el antiguo poblado Machu Pichu en Perú, las pinturas rupestres andinas,
las estatuas de San Agustín en Colombia, las estatuas Moaís en Chile, entre otras. Tales constructos
culturales, ubicados en lugares plenamente distantes unos de otros y sin relación alguna, evidencian
que la vida humana puede articularse con todos los elementos de la existencia, más allá del ser
humano individualmente considerado, y que los beneficios de ello pueden ser extensos en la salud
física, la cosecha, el bienestar emocional, la organización social, entre otros.
A pesar de lo anterior, en el mundo americano actual los sistemas de pensamiento y tradiciones
evidencian un estado de cosas casi diametralmente opuesto. En todos y cada uno de los países de
América se observan elaboraciones culturales que se enraízan en la satisfacción de los deseos y
placeres sensoriales, los cuales no trascienden la experiencia individual; culturas y subculturas
estructuradas alrededor de la música, la moda, equipos de futbol, el consumo de drogas o la tenencia
de objetos, entre otros, lo cual no muestra ningún sentido de compenetración con la totalidad. Más
allá de elaboraciones que satisfacen intensamente los sentidos, no se encuentra una integración
entre las diadas ser humano-ser humano, hombre-tierra, hombre-espacio, hombre-naturaleza. Más
allá de reducidos sectores sociales que eventualmente visitan a comunidades indígenas e
interiorizan sus celebraciones rituales, la sociedad actual no integró en sus sistemas de pensamiento
y tradiciones la riqueza de comprensión del todo que tenían los antiguos de América.
El debate sobre lo anterior es fecundo, puesto que los grandes avances de la ciencia, junto con la
ampliación del rango de visión de las humanidades, permiten entrever que el conocimiento
occidental por estar enraizado en bases científicas no necesariamente es superior o más útil; el
mundo actual no indica precisamente el desarrollo del sueño racionalista de bienestar general que
se prometía a comienzos de la modernidad, por lo cual puede resultar útil reflexionar nuevamente
sobre los sistemas de pensamiento y vida amerindios. En la actualidad, la atención de los
ciudadanos americanos está dispersa entre cumplir con las convenciones sociales de imagen,
alcanzar los estereotipos de belleza para hombres, mujeres y niños (limpieza física, maquillaje,
atuendo, etc.), trabajo para la manutención, disfrute sensorial y satisfacción de deseos individuales,
indicando con ello la ausencia en la casi mayoría de ciudadanos, de tiempos dedicados a
comprender y compenetrarse con la existencia.
Esto se explica porque los ciudadanos americanos inconscientemente interiorizaron ideas y
actitudes de base reduccionista (en la que el paradigma científico newtoniano-cartesiano europeo
fue determinante), mediante las cuales las vivencias y descripciones del mundo externo se reducen
a explicaciones unicausales. De este modo, el entorno no es asumido en forma sistémica, sino desde
explicaciones que atienden a una sola causa (Capra, 1992: 114). A modo de ilustración, tres
ejemplos:
1. La partería y el acto de dar a luz son vistos desde una visión clínica que no considera culturas,
tradiciones, aspectos psicológicos, creencias personales etc.
2. Existen intentos de explicar la salud humana únicamente a partir de procesos genéticos,
ignorando aspectos emocionales, sociales, ambientales, etc.
3. En la economía los análisis se suelen centrar en el factor “Crecimiento”, sin considerar los
impactos de esto sobre la psique humana, el medio ambiente, el entorno social, las formas de vida
etc.

El reduccionismo cientificista se expandió a todos los ámbitos de la vida americana, de ahí que se
perdiera la comprensión de unicidad (Gonzales Acosta, 2015: 12). En este marco es necesario
preguntarse ¿cómo llegaron las sociedades americanas a este punto? ¿por qué, si la mayoría de
culturas ancestrales comprendieron, se integraron y sacaron provecho de un entendimiento de
unidad, luego los ciudadanos decidieron hacerse a un lado y omitir lo que quizás les era más natural,
la integración de sus sistemas de vida y pensamiento con su entorno?
Cap. 2. El lastre de la Modernidad
Considerando los argumentos expuestos, en la actualidad surge la necesidad referir la obra Fausto
de J. W. Goethe, en la que Fausto, el protagonista, cansado de una vida espiritual introvertida y
cerrada, decide vender su alma a Mefistófeles, segundo protagonista y, representación del demonio,
a cambio de que el sacie todos sus anhelos y placeres personales (Goette, 1856: 34-36). Tras la
compra del alma de Fausto, Mefistófeles le promete acabar con su estado de insatisfacción interna,
guiándolo por un camino de vida en el que le enseña primero, a cuestionar el entorno, segundo a
plantearse metas (deseos) a partir de sus insatisfacciones, y tercero a conseguir sus objetivos a
cualquier costo y bajo cualquier sacrificio. (Goette, 1856: 225-227).

En otros términos, Mefistófeles le enseñó a Fausto las bases de la cultura occidental y del proyecto
de modernidad. Los tres elementos se podrían explicar así: primero, le enseñó las bases de la
ciencia, mediante la cual se ve el mundo externo como un objeto de investigación, separado del
cuerpo y el alma humana, y el cual debe ser siempre indagado y no asumido de manera
incuestionada. En segundo lugar, le enseñó el “valor” de la insatisfacción individual y colectiva,
como base para crear objetivos personales; esa misma insatisfacción que se instrumentaliza en el
mundo actual y motivó la creación del ladrillo y tras de el los rascacielos; esa que motiva la
búsqueda incesante de riqueza en el mundo; esa con la que las personas se sienten infelices al verse
al espejo, entre otras. Finalmente y en tercer lugar, le enseñó la utilidad de la violencia para el logro
de los objetivos individuales o colectivos, la misma que hoy gobierna el mundo, la que se vehiculiza
en tanques y aviones de guerra, la que se oculta en material propagandístico que busca generar
consumidores insatisfechos, etc.
Todas estas rutas -Indagación y cuestionamiento del mundo, objetivos individuales a partir de
insatisfacción personal y violencia utilitaria- que Mefistófeles enseñó a Fausto para superar su
mundo cerrado y monástico, se ven hoy manifestadas por los ciudadanos de toda América. Como
si existieran muchos Faustos, se ven personas por doquier que cuestionan incesamentemente sus
entornos, bien en desagusto hasta más no poder, plenas de deseo y articuladas a diversas formas de
violencia (consciente y no consciente) para la autocomplacencia.

Lo anterior permite comprender cómo a los ciudadanos americanos les fue impuesto el curso de
Mefistófeles. Esto, sumado a las condiciones de vida y estructurales establecidas por los europeos
a su llegada a América y posteriormente por las elites criollas de la república, terminó por subsumir
los sistemas de pensamiento y tradiciones de las culturas amerindias. La clave del quiebre estuvo
en transformar las consciencias indígenas, la cuales tenían una comprensión y visión holística de
la vida, convirtiéndolas en almas que se auto consideran individuales y que por tanto reducen su
comprensión del mundo, a unidades del mismo y viven desprovistas de la necesidad de vivir en
armonía. Por el contrario, sometidas y apuradas por la satisfacción del cuerpo y los caprichos
personales, dejando a un lado la necesidad de integrarse como un sistema viviente; de ahí los
adversos efectos del sistema de vida actual: desigualdad, desequilibrio ecológico, ausencia de
hermandad humana, depresión, ansiedad etc.

Cap. 3 Las alternativas y herramientas al sistema de vida actual persisten
Como paradoja de lo anterior, vestigios culturales como las pirámides de Teotihuacan, los Moais,
Machu Pichu, San Agustín y otros siguen ahí, instando al ser humano a asumir una comprensión
plena de la totalidad. Así mismo, aún existen comunidades indígenas que conservan sistemas de
pensamiento, formas organizativas y tradiciones en las que la comprensión de la existencia como
una unidad se mantiene. Junto a lo anterior, tradiciones ancestrales que permiten la comprensión e
integración con la existencia como una unidad persisten marginadas y excluidas, como es el caso
de los usos y construcciones culturales alrededor de la coca, el yagé, los hongos, el peyote, la
práctica del temazcal, el uso de ícaros, el tabaco, entre otros. Sin embargo, la mayoría de
ciudadanos americanos no atienden a nada de lo anterior, ignorando la historia prehispánica y al
contrario, buscando lo que Mefistófeles enseñó a Fausto y que en la actualidad se enseña a través
de los medios masivos de comunicación, las escuelas, universidades e incluso de las mismas
familias: Ser ciudadanos que cuestionan la existencia como un algo externo, que están plenos de
insatisfacción, que viven enfocados en la consecución de objetivos individuales y a menudo son
instrumentadores de violencia para conseguirlos.

¿Existen otras formas de regresar a esa comprensión de la totalidad, que no corresponda
únicamente a los métodos prehispánicos? Si, existen. Para responder es necesario primero resaltar
que las comprensiones de la existencia antes de la colonia no partían de la razón, sino esencialmente
de experiencias de expansión de consciencia a través del uso de plantas visionarias y la
comprensión del mundo a través de una vida comunitaria. Experiencias sensitivas, no sensoriales,
pues no se buscaba únicamente la satisfacción de los sentidos como lo hacen los ciudadanos
actuales, sino el uso de los sentidos para conocer, trascender la existencia y reconocer su impacto
en el mundo externo. Trascender es estar en el tiempo presente e ir hacia la unión con la existencia.
Actualmente los ciudadanos conservan las mismas capacidades de los antiguos habitantes de
América, pues su capacidad sensitiva sigue intacta, dormida, pero indemne; preservan el derecho
a decidir y pueden resolver vivir la existencia de forma sensitiva y reveladora o existir de manera
sensorial (mefistofélica) y estéril al estilo actual. En este marco, muchas personas en occidente han
manifestado haber tenido experiencias sensitivas reveladoras, las cuales han partido no de plantas
visionarias precisamente, ni de tradiciones indígenas, sino de disposición personal y entrega plena
a lo sensitivo, una búsqueda basada en la quietud, el silenciamiento de la mente y la
experimentación consciente del mundo, al estilo de los místicos orientales.

Un documental llamado Overview arroja luces al respecto. En él, una serie de astronautas describen
sus percepciones cuando observan a la tierra desde fuera del planeta. Una vez en el espacio todos
coinciden en lo que definen como “Visión de Conjunto”, concepto que se puede resumir en dos
puntos: Primero, todos experimentan un asombro desbordado al ver el planeta no a través del
televisor, la radio, el celular o el periódico, sino en su totalidad. Segundo, la sensación de observar
al planeta directamente y en su totalidad, los lleva a percibir al mismo y sus habitantes como un
todo, en una visión de unicidad de la vida y la tierra, que no concibe división, sino integración. La
percepción anterior es tan fuerte que la referencia al planeta en el documental es como “la Nave
Espacial Tierra”, en la cual todos sus tripulantes van unidos e integrados. No es la referencia al
planeta distribuido en continentes y países, demarcados con fronteras y diferencias económicas,
sino como una totalidad, un solo cuerpo (Reid et al, 2012).

Las experiencias místicas de ciudadanos que han experimentado la realidad como un todo a través
de plantas visionarias, las de quienes solo con disposición, sensibilidad y entrega lo han hecho, y
las experiencias descritas bajo el marco de “Visión de Conjunto”, nos muestran que el cambio de
valores/ideas parte de la defensa de lo sensitivo, sobre lo sensorial, en la exploración contemplativa
y no solo indagativa de la existencia, en la simplificación de la vida de cara a no generar
insatisfacción, en el aprender a estar satisfechos con lo que se tiene y en buscar ir más allá de cada
ser humano individualmente considerado. En pocas palabras, darle la espalda al pacto mefistofélico
de Insatisfacción – deseo – violencia instrumental, y en su lugar instaurar el pacto del ser humano
con la existencia, bajo la tétrada: Sensibilidad – Contemplación – Simplificación – Disposición
Personal.

Es necesario en este marco resaltar que el funcionamiento y orientación del sistema económico
actual, es controlado por grandes magnates económicos que tienen una adhesión ilimitada al
modelo racionalista newtoniano-cartesiano, que reduce los fenómenos de la existencia a factores
unicausales, por lo cual no han de prestar atención, como lo han hecho históricamente, a la
desconexión del ser humano con sus entornos naturales, sociales y culturales, sino únicamente a su
riqueza personal o grupal y al crecimiento económico. Tales actores económicos tienen todo un
arsenal de herramientas sistémicas, mediante las cuales mantienen compatibles las ideas y
comportamientos de las personas con sus propósitos económicos de riqueza individual, creando
ciudadanos fragmentados, no organizados y con nula orientación hacia la integración con el mundo
externo. Así las cosas, controlan las fuentes de información mediante la publicidad y tienen una
incidencia decisiva sobre el devenir de la economía, la sociedad y la cultura, haciendo que en el
grueso de procesos sociales se regeneren los valores mefistofélicos, a costa de cualquier tipo de
crisis generada en lo individual, lo social y lo ambiental, etc., (Capra, 1992: 128).

Considerando los factores anteriores, nos encontramos como un David ante un Goliat,
considerando la existencia de una gran masa de población desprevenida, que no tiene consciencia
sobre las consecuencias de los valores que le fueron inculcados, sin embargo, la recuperación de
las formas de comprensión sistémicas/de unicidad de los antiguos habitantes de América, puede
contribuir a la generación de formas de vida conscientes, orientadas al equilibrio, el respeto por la
naturaleza y los seres humanos, así como a la comprensión plena del “ser”, como una entidad
integrada a todos los elementos que le rodean. Con esto se encontrarían salidas al sistema de vida
actual, haciendo que el reduccionismo del paradigma científico newtoniano- cartesiano solo fuera
útil en ciertas ocasiones, pero no como marco general de comprensión y vida en América. Todo
parte de la voluntad personal por transformar pensamientos y modos de vida propios, ayudar a
otros a emprender el mismo proceso y difundir los nuevos valores para una transformación social.
No es esperando líderes/héroes que harán el cambio; tampoco haciendo tiempo para que el sistema
económico cultural sea reemplazado de tajo. El cambio ha de ser realizado desde el interior del
mismo sistema, desde la voluntad y sensibilidad de cada ciudadano.

CAPRA, fritjof, 1992, El Punto Crucial, en: ed., Troquel. pp. 100 – 144
GOETTE, Johann Wolfgang Von. 1856, Fausto, ed., Porrúa.
JAMIOY MUCHAVISOY, José Narciso, 1997, “Los Saberes Indígenas son Patrimonio de la
Humanidad” en: Nómadas, No 7, Universidad Central –Iesco, 1997, pp. 64 – 72
GONZALES ACOSTA, Melvis, 2015, “La Emergencia de lo Ancestral: Una Miradas Sociológica”
en: Espacio Abierto, 2015, pp 5 -18
REID, Guy. 2012, “Overview”, Planetary Collective