El verdadero respeto y la correcta valoración de la semilla, constituyen aspectos culturales que van mucho más allá de lo que aparentemente podemos percibir en nuestra realidad inmediata, Por ejemplo, a pesar de los enormes compendios morfológicos y de las gigantescas colecciones taxonómicas que la ciencia occidental ha venido recopilando durante los últimos 300 años, de las diferentes especies de flora sobre el planeta, aun así, la noción biológica de semilla, tan solo ha alcanzado a definir algunos parámetros fisiológicos, químicos y estadísticos, referentes a la forma y función de la estructura material de la semilla, haciendo a un lado cualidades más profundas e intangibles, tales como la capacidad de perpetuarse de las semillas (pues en cada una se halla no solo una planta en potencia, sino también la información para muchas miles de plantas más.) y la  identidad cultural que cada tradición ancestral posee con las semillas. A este respecto vale la pena preguntarnos si: ¿ será posible  que la patentación o privatización del germoplasma, a través de las metodologías genética invasivas provenientes de la biología Molecular, tenga consecuencias directas no solo sobre el equilibrio natural y cultural, puesto que afecta negativamente miles de años de historia ancestral contenida en las semillas, sino también el devenir mismo de las ciencias de la vida?.

La Sabiduría Ancestral plantea a este respecto, más que un cambio de paradigma, una reestructuración en la práctica científica misma, en donde reconocemos primero lo inmaterial  de la semilla (aspectos culturales y espirituales) y luego lo material (fenómenos físicos y químicos, taxonómicos y morfológicos), ya que cuando restringimos o suprimimos el aspecto ceremonial de las semillas, (ceremonias de siembra, cosecha o de intercambio, que se han practicado durante siglos en diferentes culturas) nos desconocemos automáticamente de la base de la relación o de la simbiosis con la naturaleza, ya que el ser humano es en sí, una especie profundamente ceremonial que teje su consciencia de la realidad a través del ritual, como acto emocional y sensitivo de aprendizaje y de retroalimentación.

Sin embargo, cabe preguntarnos cómo podemos vivenciar dicha reestructuración del conocimiento, en la realidad inmediata que nos ocupa, en la cual, el capitalismo depredador amenaza con la privatización de las semillas,  a través de la manipulación genética con intereses políticos y económicos.

Desde el contexto educativo y activista, podemos citar como ejemplo la ceremonia de semillas, que durante milenios se ha practicado en los territorios sagrados de la Sierra Nevada de Santa Marta (Colombia). Esta es una hermosa y revitalizadora respuesta, en la cual se realiza una retroalimentación de experiencias y de saberes, en torno al intercambio y a la propagación de las semillas, no como un bien material para la humanidad propenso a la explotación, sino como entidades vivientes que se autoregeneran y perpetúan mediante el trueque comunitario y responsable

A través de los cantos y de los relatos de antiguas historias, en torno a un fuego ceremonial y a un altar bellamente elaborado con semillas y cuarzos; cada uno de los participantes (entre ellos líderes espirituales y visitantes de diferentes comunidades ) de la ceremonia logra reconstruir la historia ancestral de la creación, conservación y manutención  de la naturaleza, y reconocer como dentro de esta sinfonía, el caos o desequilibrio, aparece tan solo como una perturbación o ruido que lleva a la humanidad a pensarse a sí misma como parte integral del cosmos, evidenciando de esta forma que no podemos ser los controladores de la vida, la cual no puede comprenderse plenamente mediante nuestros sentidos e intelecto limitados; por el contrario, es la vida la que debe ser atendida y contemplada en su plenitud, a través del servicio respetuoso y responsable.

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