Illimani

Ubicación: Ubicado en la Provincia de Pedro Domingo Murillo, cerca a la ciudad de La Paz, Bolivia

Dimensiones: más de 8 km de longitud y cuatro cumbres que sobrepasan los 6000 msnm
Illa: simiente y generadora de abundanci; Mamani: guardian. Los nevados son fuerzas sagradas, deidades manisfiestas. Pero siempre hay uno que señorea la cabalgata de las cumbres. “Illimani” es el Caudillo del Ande.

De todos los guardianes el más importante es, sin duda, el achachila Illimani, que custodia y protege la vertiente y simiente de donde brota la vida y la abundancia.
En el antiguo Chuquiago Marka (nombre aymara para el territorio llamado hoy La Paz), el achachila Illimani cumplía un rol importante porque estaba ligado a los dos ciclos fértiles del calendario agrícola andino: el jallu pacha (tiempo de lluvias) y el lapak pacha (tiempo de calor), consideradas épocas ideales para la fertilidad, la producción y la abundancia en la cultura aymara. También el Gran Padre Blanco conoce tristezas, pesadumbres. Suele cargar con la iniquidad y la miseria de los pobladores de la hoya. El Illimani se formó por la presión de placas tectónicas y está compuesto por rocas plutónicas (granodiorita y monzonita) con una edad de entre 208 y 23 millones de años.
Origen espiritual“Illimani”: el Resplandeciente, el de las Aguas Múltiples, el Más Grande de los Cóndores, el Consagrado a la Luna; son algunos de los nombres que se le da desde la tradición Aymara. También se reconoce la zona triangular que se forma entre el “Illapu”, el “Illimani” y el “Sajama” como el nudo del tiempo mítico.Ese monte proteico, indefinible — azul y nieve, oro y rosa, violeta y púrpura, verde y azafrán, celeste y solferino — es también el coro de las almas de los héroes del tiempo antiguo, cuando reinaba “Aka-Pacha-Urake”, la Piedra que señorea la Tierra.
Como el proceso de integración de los elementos marchaba lentamente, el Cóndor alzaba vuelo en el crepúsculo, cuando las estrellas toman silenciosa guardia, y se alejaba hasta perderse en el hondo cielo. Volvía en los amaneceres, desaparecía a la caída de las sombras. A la luz de los días, sus alas siempre centelleantes, como venablos fúlgidos. En el ébano de las noches, sus alas siempre en esplendor como carbones encendidos.