De la Mente al Corazón: Un salto en la evolución

La evolución de la inteligencia humana refiere a un grupo de teorías que intentan explicar cómo la chispa de la razón humana ha evolucionado y cómo se vincula estrechamente con la evolución del cerebro humano el origen de las lenguas.

La cronología de la evolución humana es de un período de más o menos siete millones de años, desde la separación del género Pan hasta la aparición del comportamiento moderno hace 50,000 años. En los primeros tres millones de años de este tiempo existió el Sahelanthropus tchadensis y en los próximos dos millones viviría el Australopithecus. Luego, recientemente, hace 200 000 años aparece en África el Homo Sapiens, surge el ser humano de la era Paleolítica; nuestra primavera creativa, época en la que despertamos al arte, a la magia, y a la ciencia de la interpretación de los sueños a través de rituales, danzas, cantos, apareció hace apenas 30 000 años.

Muchos rasgos de la inteligencia humana, como la empatía, la teoría de la mente, el luto, el uso ritual o culto, el uso de los símbolos y las herramientas, son funciones ligadas al sistema límbico formado por partes del tálamo, hipotálamo, la amígdala cerebral, entre otras estructuras cerebrales desarrolladas a través de millones de años y que hoy son la herencia de nuestros abuelos los reptiles.

Filosóficamente, el ser humano se ha definido y redefinido a sí mismo de numerosas maneras a través de la historia, otorgándose de esta manera un propósito positivo o negativo respecto de su propia existencia.

Abundan diversos sistemas religiosos e ideales que, de acuerdo a una diversa gama de culturas, tienen como propósito y función responder algunas de esas interrogantes existenciales. Los seres humanos tienen la capacidad de ser conscientes de sí mismos, así como de su pasado; saben que tienen el poder de planear, transformar y realizar proyectos de diversos tipos y han utilizado su mente para encontrar respuestas a esas cuestiones, y sin embargo ninguna respuesta nos parece absolutamente verdadera, en el camino del conocimiento solo hemos encontrado más preguntas.

En función a esta capacidad, no sólo de crearnos más dudas sino de nuestra capacidad de creer ciegamente en nuestras respuestas, por más absurdas que estas parezcan, humanamente hemos creado diversos códigos morales y dogmas orientados directamente al manejo de estas capacidades. Además, los seres humanos, dada estas funciones, nos hemos hecho conscientes de responsabilidades y peligros provenientes de la naturaleza, así como de otros seres humanos.

Entonces decimos que existe un mapa que la evolución ha trazado para caminar por la montaña de la vida, es un consejo de base para saber cómo resolver nuestras dificultades cotidianas, a este “GPS” del alma le llamamos “mito”.

Dicen los abuelos que todo esto que vivimos ya pasó, los ancestros ya lo caminaron y dejaron huellas para no tropezar tanto.

La utilidad de pensar mitológicamente deriva en la utilidad de adquirir, mediante una sugerencia poética, el poder de las abejas o los colibríes, succionando el néctar de las experiencias amargas, venenosas o ponzoñosas y convertirlas en miel, esa miel ofrecida en forma de historia en forma de un consejo en forma de poesía es lo que llamamos mito.

El cuidado de la vida y la expansión de la conciencia de la vida se alimentan de mitos, su poder educativo nos ayuda a encontrarle sentido y significado al misterio del porqué y el para qué habitamos dentro esta matriz llamada Planeta Tierra y nos orienta acerca de cómo convertirnos en abejas y colibríes expertos.

Pero quiero hablar de una posibilidad: la posibilidad de trascender nuestro lenguaje mitológico, el cual es esencialmente verbal, a través del lenguaje desde la “mitología sensorial”, si se me permite el término, la propuesta es: remitifiquemos nuestra percepción del mundo, se trata de satisfacer la misma vieja necesidad de encontrar respuestas a nuestras más inquietantes y esenciales preguntas por medio de nuestra capacidad sensorial, la premisa es que un nuevo medio crea un nuevo entorno donde se desarrollan nuevas capacidades de comunicación, el internet es un buen ejemplo de lo que hablamos aquí. Quizás no encontremos las respuestas pero habremos de encontrar, con solo intentarlo, otro camino para llegar a ellas y eso tal vez no cambia nada pero camba nuestra forma de ver las cosas, si nuestro punto de vista cambia entonces cambia el universo.

El Planeta, en términos económicos, siempre recupera sus inversiones, ha invertido en seres capaces de recrear su hábitat y, en retribución el ambiente recrea a sus habitantes y todo esto se da, no a través del lenguaje verbal, racional, que pretende designar al mundo con un conjunto de palabras, sino que la Tierra (sus ríos, sus plantas, montañas, aves y peces en su conjunto) habla sensorialmente y nosotros, según el teólogo Leonardo Boff, somos “la parte de la Tierra que ama y piensa”.

Aristóteles se equivocó al decir que somos animales racionales, pensantes y hablantes, y desde entonces, dentro del mundo occidental, estamos encerrados en la gran jaula de la mente que en cierta forma encierra muchas otras pequeñas jaulas, pero este texto es, decíamos, una propuesta, un consejo al estilo de los abuelos y las abuelas, cuando se dice que ellos fueron abejas y colibríes, decimos que ellos ya conocieron la libertad que otorga el espíritu, decimos que han trascendido la palabra y han llegado a la percepción pura del “lenguaje sensible” con el que se expresa la Naturaleza, decimos que la llave sensorial que abre todas las puertas de nuestra percepción no se encuentra en nuestra razón o capacidad de hablar sino en nuestra sensibilidad para percibir, es decir, en nuestra capacidad de escucha, declaramos que somos “el animal que escucha” y en ese sentido, nuestra capacidad de expandir nuestra percepción sensorial es proporcional a nuestra capacidad de escucha, el tigre y el delfín hablan sensorialmente, la pluma y el caracol, prestatarios del amor y la verdad, hablan a través de nuestros sentidos y comprender su mensaje es una necesidad urgente.

¿Acaso es una especulación la relación entre la evolución del humano racional al humano sensorial? ¿es una especulación que las partes del cerebro o de la mente relacionadas a la recepción e interpretación  de estímulos sensoriales amplíen nuestra comprensión del mundo? La respuestas a estas preguntas son el futuro del ser humano, la transición de lo biológico, puramente material, a lo sensorial, como la telepatía y el internet, decíamos, nos conduce permanentemente a encontrar y co-crear nuevas formas de extraer el néctar de la conciencia del universo, personalmente no creo que nuestras viejas instituciones tengan forma de encajar en esta nueva dimensión humana, el humano descarnado capaz de estar en presencia de todos los otros humanos en el mundo al mismo tiempo con el poder de sus sentidos.

La mejor forma de extinguirnos como seres humanos es evolucionar en otro ser humano donde cada uno sea el mejor medio de expresión del otro, es por eso que nuestras relaciones con objetos físicos (irónicamente objetos como el celular por ejemplo) debe ser reemplazada por la relación con otros de nuestra especie en un ambiente que tiende a ser cada día más sensorial. Hay que salir a caminar descalzo, bañarse bajo la lluvia, cada vez más organizar conferencias, conciertos y exposiciones de arte, ciencia y tecnología junto a los ríos y en las montañas, desiertos, las universidades hoy están en la selva, en los humedales, en medio de la Naturaleza.

Los humanos capaces de aprender a través de sus sentidos, en realidad, han existido siempre, este texto no pretende ser un documento científico ni legal, es un juego, un planteamiento para nuestra capacidad de pensar vista como un arte, desde ese punto, evolutivamente, nuestra extinción material  resultará en una evolución sensorial, sin duda el impulso narcisista de tomarnos selfies es muy similar al antiguo mito de narciso, con la diferencia de que tenemos la esperanza de obtener la respuesta de los otros; en un acto aparentemente trivial y vacío se encuentra el reflejo de vernos reflejados en los otros, lo que se extingue, es decir, lo que evoluciona es la idea del “yo” frente a la percepción del “nosotros”, por supuesto que ese “nosotros” incluye a las plantas, los ríos, las montañas y los animales.

Sé que es difícil mantener la esperanza de un mundo mejor cuando todo parece peor que nunca, pero hace dos generaciones nunca hubiéramos podido pensar que las mujeres pudieran votar o incluso ni pensar que una llegara a ser presidenta y hoy no podríamos pensar ni hacer democracias sin esas victorias, así mismo, hace dos generaciones hubiera sido imposible decir que la Tierra está viva y que tiene derechos como tu y como yo, y sin embargo, hoy eso ya es una realidad en algunos países, bien dice Wittgenstein que “lo que no podemos pensar no existe”, y con todo y lo que estos tiempos difíciles nos deparan, lo impensable se hizo posible, gracias al corazón que nuestros ancestros pusieron en su determinación por crearnos un mejor futuro, en un mundo donde nuestros sueños parecen imposibles, los sueños de nuestros abuelos se hacen realidad. 

Escrito por: Dorian Antuna