Enfocarse en prioridades agiliza la búsqueda de soluciones y si el problema afecta a gran escala entonces el camino es partir de la educación basada en la ley de origen. En estos momentos que son cada vez más visibles las consecuencias del calentamiento global en el planeta, tal vez la única esperanza para ayudar a frenar el acelerado deterioro ambiental sea sensibilizar desde la infancia sobre la verdadera relación del ser humano con la tierra.

La educación ambiental como una asignatura del currículo ha sido una propuesta que se mantiene en el tintero en distintos países de América Latina. Pero aunque la meta del planteamiento va hacia sentar las bases de educación ambiental hacia el desarrollo sostenible, la puesta en marcha no parece fluir tan fácil debido a las diversas cosmovisiones o intereses de cada contexto social.

La primera vez que se habló de Educación Ambiental fue en Estocolmo del 5 al 16 de junio de 1972 en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano, ahí se buscaba responder a la necesidad de un criterio y principios comunes para ofrecer a los pueblos del mundo inspiración y guí­a para preservar y mejorar el medio ambiente. Fue así como se proclamó en el principio No.19 que “es indispensable una labor de educación en cuestiones ambientales, dirigida tanto a las generaciones jóvenes como a los adultos y que presente la debida atención al sector de población menos privilegiado, para ensanchar las bases de una opinión pública bien informada y de una conducta de los individuos, de las empresas y de las colectividades inspirada en el sentido de su responsabilidad en cuanto a la protección y mejoramiento del medio en toda su dimensión humana”.

Y es que la educación ambiental debería integrarse obligatoriamente dentro de todo el sistema de la enseñanza formal e informal, considerando el nivel de relacionamiento de las personas con los problemas ambientales y soluciones; obviamente la intensidad debe planificarse a la hora de inculcar los conocimientos y promover la conciencia conservacionista que debería ir en ascenso para poder facilitar la participación de todos en la búsqueda de nuevas alternativas.

Aunque diferentes países del mundo lo han incluido en la agenda de los temas de interés que involucran la relación de los humanos con el entorno y más específicamente con el uso de los recursos naturales es preciso que el compromiso sea integral, verdadero y de corazón.

Cuando ya se es adulto y la experiencia sociocultural de vivir ha dejado aprendizajes (a veces éticos, otros no tanto) desaprender o cambiar el chip colonial de tomar lo que se encuentra en el camino sin importar las consecuencias, cuesta tiempo y esfuerzo. Si a un niño le enseñamos que la basura debe ir en su lugar y eso es lo que ve en su entorno, entonces eso es lo que él imita como lo correcto y de tanto repetirlo este comportamiento se va quedando en su memoria hasta que se vuelve hábito.

Desde el aula de clase la prioridad es conseguir que la sociedad sea consciente de los problemas ambientales y soluciones, de la complejidad de la naturaleza, el impacto de las acciones humanas por el uso y abuso de los recursos naturales. Asimismo, lograr que las personas adquieran conocimientos, valores y habilidades que faciliten tomar iniciativas de forma activa para la prevención, la gestión responsable y de calidad del medio ambiente.

Es imperativo dar una mirada a las prácticas ancestrales y tomar atenta nota de ellas, para entregarlas a las nuevas generaciones que se encuentran en la etapa escolar o universitaria. Por ejemplo aprovechar que los jóvenes entre 12 y 18 años también llamados “Centennials o Generación Z” son nativos digitales, ellos desde su cuna han tenido fácil acceso a información diversa de cada rincón del planeta gracias al Internet, por lo tanto son muy receptivos a cierto tipo de contenidos.

Ellos podrían afirmar que recibieron un mundo en caos y que ya no hay más alternativas para salvarlo pero por el contrario y según la investigación publicada en el libro “12-18 Centennials, una generación sin etiquetas”, que lanzó La Universidad Jorge Tadeo Lozano y la agencia de publicidad Sancho BBDO, estos adolescentes tienen muy claros los problemas ambientales y soluciones, porque tienen unas características particulares que los diferencia de los que no nacieron en la era digital, “Es la generación que más especies naturales ha visto desaparecer en el mundo, la que ha visto mayor escasez de agua y mayor cambio climático”, afirma Catalina Rodríguez, directora de la investigación.

Así que, más allá de enseñar y ayudar a tomar conciencia sobre lo que realmente importa este tipo de educación debe mantener su postura reafirmando valores en los ciudadanos y actitudes que promuevan la utilización de forma racional de los recursos naturales y en general la total comprensión de los numerosos problemas ambientales y soluciones.

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