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Valeria Isaza Jiménez

El agua rueda entre las piedras
dejando tan solo el sonido
de lo que inunda y de lo que cae.

Pájaros que anidan mi alma. Un río que toca mis pies.

¿Qué hacer con tantas flores, con este jardín que crece en los rincones de mi corazón? Son estos sonidos que pueblan un bosque que yo misma he inventado.

Un bosque que crece, cuyos árboles permiten la sombra que también habita dentro de mi cuerpo.

Me tiendo. Tanto amor, y tantas flores.

Lo que se esconde debajo de las hojas, bajo la tierra, nunca podrá ser dicho. Habita en el secreto. El silencio lo cobija. El silencio que recuerda demasiado al origen. El silencio que toca lo más íntimo.

¿Qué hacer con tantas flores? Cuando flores son lo único que sostienen mis manos. Temblorosas. Que tiemblan porque ofrecen, siempre abiertas, se ofrecen a la tierra.

El agua que nace purifica todas mis llagas y mis flores. Purifica mis manos y mi voz. Se extiende y toca mi corazón. Lo intangible. Lo que no habla.

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