No es secreto que existe una brecha entre las personas que son sensibles a los temas ambientales y las que no; a veces, dar el salto a buscar soluciones a las problemáticas de un contexto desde los proyectos para cuidar el medio ambiente basados en el diseño social puede considerarse una acción demasiado arriesgada, no solo porque se abre una puerta de salida de la zona confort a la hora de crear, si no que además se está proponiendo un cambio del modelo comercial convencional que por lo general ignora los principios éticos y estratégicos de la innovación pues solo se basa en la oferta masiva y mide la recuperación de la inversión solo en lo que reflejan los números. 

Los platos hechos con hojas de plátano, los tenis de material reciclado, la bicicleta de bambú, la arquitectura social, entre otros, buscan más que el beneficio porque integran el diseño ecológico y la sostenibilidad.

La premisa de los proyectos para cuidar el medio ambiente basados en el diseño social es contribuir a hacer un mundo mejor para todos, acudiendo a la escucha, la participación, el aprendizaje y adecuarse de manera única a cada situación. En resumen es redefinir los procesos creativos de las empresas y organizaciones sumándole indiscutiblemente la responsabilidad social del profesional encargado.

En una entrevista realizada por la Revista Hábitat el 3 de octubre de 2017, en la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, María Ledesma, docente especializada en Diseño Social explicó: Todo diseño realiza una acción sobre la sociedad, que va mucho más allá de aquello para lo que fue creado. Pero esa acción no es necesariamente consciente, y a eso lo llamo – siguiendo algunas líneas sociológicas- el efecto latente… El Diseño Social sería aquel que más allá del diseño latente tiene una búsqueda consciente de un efecto buscado sobre alguna problemática de la sociedad entendida en términos de vulnerabilidad social. Entonces, en mi aproximación al concepto de diseño social hago jugar estos dos elementos, por un lado la búsqueda consciente y por el otro lado la vulnerabilidad social.”. 

El horno solar llamado Eliodoméstico, diseñado por el italiano Gabriele Diamanti, es de esos inventos que integran muy bien dichos elementos, pues es capaz de desalinizar el agua del mar haciéndola potable y a la vez puede suplir la necesidad de miles de personas de todo mundo facilitando el acceso a un  recurso indispensable. En otros términos, más que objetos o productos para las comunidades necesitadas los proyectos para cuidar el medio ambiente basados en el diseño social se encargan de construir experiencias que conectan a las personas en sus territorios, con sus recursos y los anhelos por satisfacer sus necesidades básicas.

Bioconstrucción, autoconstrucción y diseño participativo

Definitivamente a través de la Arquitectura es posible poner en marcha innovadores proyectos para cuidar el medio ambiente basados en el diseño social que además faciliten el encuentro comunitario, en Colombia existen algunos ejemplos dignos de contar: 

  • En la sede de la Universidad de Sabiduría Ancestral – UDSA, en Santa Marta, se realizan las mingas “Manos en la Tierra”, que tienen como propósito involucrar a las personas en el cuidado del territorio sagrado mientras se van capacitando en distintas áreas de restauración natural y técnicas de Bioconstrucción.
  • En Bogotá, el colectivo Arquitectura Expandida ha liderado tres autoconstrucciones que más allá de lo innovador de su diseño funcionan como dinamizadores culturales donde los diálogos que suceden se enfocan a las pedagogías del territorio, la formación de formadores, entre otras actividades surgidas de la gestión cultural local.La Casa del Viento” una biblioteca construida de guadua, policarbonato y suelos de madera, como resultado de la autoconstrucción física y social de la ampliación de la Biblioteca Pública comunitaria Simón el Bolívar en la localidad de San Cristóbal, La Casa de la Lluvia”  que integró a los vecinos en el diseño y construcción de un espacio cultural y comunitario en un barrio de invasión situado en la franja de los cerros y «El Trébol» (ver foto principal) hace parte de un proceso de recuperación de un espacio comunitario que tuvo un fuerte uso vecinal y por diversas razones fue abandonado hasta convertirse ruinas, pero al transformarse en lugar de interés para los locales paso a ser el principal de los proyectos para cuidar el medio ambiente basados en el diseño social de la zona. La meta ha estado fijada en ser el sitio de encuentro para talleres, conversatorios, proyecciones y exposiciones, en la actualidad se desarrollan dinámicas de recuperación de la memoria barrial, tienen una huerta ornamental y una biblioteca comunitaria.

Aunque es un concepto que se encuentra en evolución, por su naturaleza reinventiva, podríamos continuar con una extensa lista de proyectos para cuidar el medio ambiente basados en el diseño social que dejan un importante precedente de excelentes resultados, por ejemplo el Hippo Water Roller para los que deben transportar su agua de una comunidad a otra, las radios y linternas autoalimentadas de Trevor Baylis y el lifestraw para purificar el agua, que fueron diseñadas por y para las personas. En conclusión, se trata de contribuir al bienestar social de los más necesitados desde la inteligencia colectiva.